Minutos después de conocerse la abdicación del
Rey numerosos colectivos han convocado concentraciones a las 20 horas
en distintas Plazas de España para pedir un referéndum sobre el modelo
de Estado y que los españoles puedan decidir si quieren que España sea
una Monarquía o una República, llamamientos que se están haciendo a
través de las redes sociales, concretamente de Twitter.
La intención es hacer una “proclamación simbólica de la Tercera República en cada plaza
de cada ayuntamiento”, explican desde IU al tiempo que se pide a los
ciudadanos que apoyen esta iniciativa que cuelguen la bandera tricolor
en los balcones. De momento, Esquerra Unida ya se han convocado en
Valencia, Castellón y Alicante, y también hay convocado un acto similar
en Madrid en la Puerta del Sol.
Y es que la reacción ha sido fulgurante en Twitter que se ha
convertido en un hervidero de mensajes a favor de un referéndum tras
conocerse la renuncia al trono del Rey Juan Carlos I, un anuncio hecho por el presidente del Gobierno Mariano Rajoy a las 10,30 horas de hoy.
Valencia, Madrid, Zaragoza, Barcelona, Cáceres, Cádiz, Santander, Ourense y Málaga han sido las primeras ciudades en convocar concentraciones. Se espera que las mismas se reproduzcan por todo el país.
Crisis en la casa real
Después del accidente
del Rey en Botsuana hace poco más de dos años (Historia de cómo la
Corona entra en barrena de 15 de abril de 2012), que motivó una inédita
petición de perdón de Don Juan Carlos y con los avatares del proceso
judicial penal que se sigue contra su yerno, Iñaki Urdangarin, imputado
por varios delitos y en el que podría ser procesada por blanqueo de
capitales y delito fiscal su hija menor, la infanta Doña Cristina, Don Felipe
ha venido adquiriendo un protagonismo en el que se ha sostenido la
Corona (La Operación Don Felipe, en marcha de 19 de abril de 2012). La
misión del heredero ha consistido en suplir -hasta donde
constitucionalmente ha sido posible- las ausencias del Rey motivadas por
sus recurrentes problemas de salud de los que el Jefe del Estado ha aparecido más recuperado en los últimos meses.
No obstante, la situación del Rey, en términos políticos y sociales, y
pese a su esfuerzo y al de su entorno, no ha remontado (Rescatar la
Corona, de 24 de mayo de 2014) como lo demostrarían los sucesivos
barómetros de Centro de Investigaciones
Sociológicas. Desde 2011, la institución es suspendida por los
ciudadanos. Entonces alcanzó una calificación del 4,89. La nota bajó en
2013 hasta el 3,68 y apenas repuntó (sólo a un 3,72) en 2014, pese a la
mayor actividad institucional del Rey y a su gran exposición pública con
motivo del fallecimiento del ex presidente Suárez el pasado 23 de marzo
y sus viajes a Marruecos,
Portugal y países árabes y su presencia en distintos eventos como la
final de la Champions en Lisboa el pasado 24 de mayo. La Reina y el
Príncipe de Asturias, sin embargo, acaparan mayor simpatía y popularidad
que Don Juan Carlos.
Las razones que el año pasado parecían aconsejar la abdicación del
Rey, lejos de haberse diluido se han transformado en perentorias debido,
por una parte, a la esterilidad de los esfuerzos de la Zarzuela por
mejorar la visibilidad y popularidad del Jefe del Estado, y, por otra, a
la fortísima crisis del sistema político
y al deterioro social por el que atraviesa España, que se ha agudizado
con los resultados de las elecciones europeas del pasado 25 de mayo.
La permanencia de Don
Juan Carlos en la Jefatura del Estado ha venido sustentándose en el
consenso del Partido Popular y del PSOE, pero los comicios europeos han
dejado tocado el bipartidismo (la suma de ambos partidos no alcanzó el
49% de los votos) y sumido a los socialistas en una crisis que se ha
cobrado ya la pieza del secretario general
del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que cederá su cargo el 20 de julio
en un Congreso extraordinario del partido en el que se prevé que sean
elegidos dirigentes de generaciones sin vinculación vital y afectiva a
la transición y mucho más inclinados a las tradicionales tesis
republicanas de la izquierda que conectarían especialmente con los
segmentos más jóvenes. El 7 de abril del pasado año, en un macrosondeo
de El País, el Rey perdía 32 puntos de aceptación respecto de otro
anterior de las mismas características, debido al rechazo de los
votantes del PSOE y de los jóvenes. Los menores de 34 años otorgaban al
Jefe del Estado un nota muy negativa (-41), mientras que el mayor
respaldo al monarca se registraba entre los mayores de 55 años.
Los pésimos resultados
del PSOE (23%), muy próximos al desplome, y los muy malos del PP (sólo
el 26% de los sufragios), con la emergencia de fuerzas políticas de
claro signo republicano
(IU, Podemos y, en menor medida, UPyD), proyectan un legislativo en la
próxima legislatura que podría fragilizar aún más de lo que está la
Corona y a su titular. A estas circunstancias se añade el muy posible
procesamiento de la infanta Doña Cristina en el caso Nóos que podría ser
confirmado por la Audiencia de Palma, lo que supondría sentar en el
banquillo al yerno y la hija del Rey y al secretario de las infantas,
Carlos García Revenga.
Este escenario de inmediato futuro hubiera alcanzado al monarca en una dinámica de progresiva debilidad -en este cuadro no hay que
olvidar la apuesta independentista de Cataluña en donde Esquerra
Republicana superó en la europeas a CiU convirtiéndose en la primera
fuerza política de la comunidad- que comprometía a Don Juan Carlos pero
también a la institución. De ahí que, como han apuntado intelectuales
como Santos Juliá, “la transmisión en vida de la Corona puede ser
el principio de una recuperación de confianza bajo su nuevo titular”.
La abdicación se configura así como un movimiento institucional
histórico para reforzar la Monarquía parlamentaria e iniciar una nueva
etapa política con la Jefatura del Estado en la persona de Don Felipe de
Borbón, que el pasado 30 de enero cumplió 46 años.
La abdicación del Rey se produce, además, en el contexto en el que se
desenvuelven monarquías parlamentarias europeas como la de Holanda y
Bélgica. En Enero del pasado año, la reina Beatriz renunció en favor de
su heredero el príncipe Guillermo
(1967), lo mismo que en julio hizo el rey de los belgas, Alberto II que
resignó su cargo en su primogénito Felipe (1960). Ambas monarquías, así
como la británica, han superado en años anteriores fortísimas crisis
que los nuevos titulares
de la Corona han logrado eludir renovando la institución y evitando que
prosperasen los pequeños pero activos grupos que cuestionaban la
Monarquía. Lo mismo podría suceder en España con la abdicación de Don
Juan Carlos, que ha culminado uno de los reinados más largos y
fructíferos de nuestra historia y al que la democracia española le debe
su padrinazgo e impulso.
La República
